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Bodas en Venezuela | 19 marzo, 2019

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Contar con una mano amiga en todo momento

Contar con una mano amiga en todo momento
admin

una mano amiga

Nunca se va a insistir lo suficiente en esa definición de una buena boda como un producto de la planificación y la organización. Desde luego, al hablar de ellas, también estamos incluyendo allí las extraordinarias emociones y buenos ánimos que participan en ella. Todo esto es pensado incluso mucho antes de la víspera de la boda. Pero, ¿qué sucede si alguno de esos elementos fallan, incluso nosotros? Es allí en donde tenemos que tener a alguien, fuera de la pareja que somos, que nos ayude. Contar con esa mano amiga especial se hace entonces necesario.

Elegir la mano amiga

 

No todos pueden tener el título de ser nuestro gran compañero en una circunstancia tan extraordinaria como lo es nuestra boda. Dice un refrán español: “todos te conozcan, ninguno te abarque”. Bueno, para este rol tendremos que elegir a esa persona que sí nos ha abarcado porque la hemos dejado entrar.

Es un título que no se lo damos a cualquiera. Sí, tal vez ya se tenga en mente que nos estamos refiriendo a la dama de honor, pero hay que recordar que en la mayoría de los casos este título es más “honorario” de lo que pensamos. Porque puede que nuestra dama de honor haya tomado su función como una aparición momentánea pero especial en la boda. Por eso debemos pensar en alguien más, en todo caso.

Momentos de apremios

Esa mano amiga que puede estar con nosotros es una persona que nos atenderá el teléfono a las 3 de la mañana de un domingo así sea para escuchar nuestros temores con las copas que elegimos para el brindis, nuestras elucubraciones sobre la soda caustica, o las más largas, las sentimentales.

No se lo tomará como un deber: se lo tomará como un honor. Quiere esto decir que se tomará nuestra ayuda con mucha alegría, tanta que seguro querrá ayudar incluso cuando no se lo pidan. Los momentos de mayor apremio son sus favoritos y debemos acompañarlos.

El agradecimiento

Una regla de oro dentro de la convivencia humana es la de ser agradecidos con aquellas personas que se lo merecen. ¿Y qué mejor lugar que una boda, donde estamos agradeciendo por uno de los más grandes sentimientos de la humanidad, dígase el amor?

Por eso, tratemos de incorporar en la ceremonia algún momento para agradecer a esa persona especial con altura y gracia y expresar cuán agradecidos estamos por ser esa mano amiga que no se rindió e hizo que no nos rindiéramos. Porque hay sueños que son compartidos.

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