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Decoración esencial: centros de mesa para bodas

Decoración esencial: centros de mesa para bodas
admin
  • On enero 13, 2015

Al momento de planificar y elaborar todo el concepto decorativo de una fiesta de matrimonio jamás debería pasarse por alto el valor de los centros de mesa para bodas.

Cábala tras los centros de mesa para bodas

El ordenamiento de los elementos en el espacio es una de las maneras más primitivas y efectivas para establecer jerarquías, dejar en claro qué es lo esencial y qué lo accesorio. Por su eficacia y receptividad es también de las mejores maneras para dar mensajes al inconsciente. Si dedicamos algunos minutos a reflexionar sobre esto y lo conectamos con la organización de las bodas llegaremos a la conclusión de que la misma se manejan según este lenguaje. Cada invitado tiene un puesto ideal, de la misma forma que lo tiene cada mesa. Las bodas son uno de los mayores rompecabezas respecto a espacios creados por el hombre. Por estas razones restarle importancia a los centros de mesa para bodas es un error.

Puede afirmarse sin temor de réplica que en el centro se coloca, por sentido común, aquello que es realmente importante.  El altar se encuentra al frente y en el centro, la marcha nupcial se lleva a cabo a través de los invitados congregados, justo a la mitad de ellos de manera simétrica. Esta clase de ejemplos señala la relevancia de los centros de mesa, ubicados en el punto preciso donde se juntan. El nombre lo indica pero rara es la persona que dedique más que un instante en recordar su existencia, se asume que no es más que un adorno de costumbre. Algo que existe por añadidura, como para no dejar la superficie de la mesa vacía.

La sutileza y su encanto

Quizás el que no se los recuerde fácilmente forma parte del plan, y el pasar por desapercibidos permita la efectividad deseada. Sí, hablamos de un  arreglo floral y eso en teoría no es la gran cosa. Entra sin problemas en la categoría de adorno. Sin embargo, de los centros de mesa para bodas depende que se sostenga el tono y se  asiente la atmósfera. Son los timones del carácter del evento. Aunque las miradas, y con ella las emociones, se muevan inquietas de un lugar a otro debido a la sucesión de momentos cumbre y de su carga emotiva, los ojos siempre habrán de volver al centro de mesa que mantendrá el balance y los pondrá en su cauce.

Los tonos alegres (amarillo, rosado, zafiro),  románticos (rojo, ocre, verde, morado) o eufóricos (lila, anaranjado); la relación de las partes con su conjunto, sea ligero (veraniego, sencillo), clásico (simétrico) o radicalmente original. Todas las posibilidades de centros de mesa para bodas alcanzan el máximo de su capacidad en el anonimato parcial. Cuando quien los mira se sorprende por la armonía de su acabado, para luego relevar dicha impresión a un plano secundario de efecto pasivo, es entonces que se sabe se ha alcanzado el objetivo.

Entre flores y frutas

Una excelente estrategia para romper con la resistencia que algunas personas, especialmente desatentas a los detalles, presentan ante los efectos de la decoración más implacable, consiste en darle la vuelta a la función  ornamental de los centros de mesa para bodas. Para lograrlo puede hacerse uso de frutos frescas y frutas confitadas. De esta forma los invitados interactuarán con la decoración, y la misma logrará invadirlos por medio de una amplia gama de sentidos. Ciertos detalles deben tomarse en cuenta al momento de escoger este camino:

  • La concordancia de tono y textura entre los componentes comestibles y los no comestibles no debe tener tacha. Una vez que se decide ampliar los límites de algún método clásico, tal como sería en este caso los centros de mesa para bodas netamente florales, deben tomarse el doble de precauciones de estilo para no darle vida a un desastre de discordancias.
  • El tipo de fruto o fruta confitada, lo que pueda llegar a a representar, su olor y su sabor no deben dejarse en manos de un criterio superficial. Si se decide a tomar el riesgo es imperdonable que no se hagan valer las nuevas posibilidades para darle profundidad a la propuesta decorativa.

 

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