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Bodas en Venezuela | 20 septiembre, 2018

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Camino al altar, padres y novias

Todos sabemos que en el gran suceso de una boda existe un ritual cargado de un sentimiento e importancia gigante. Ese momento es el camino al altar. Para mujeres en todo el mundo pensar si quiera en ir camino al altar tomadas del brazo de sus padres representa un subidón de sentimiento inmediato a la garganta, a los ojos y al pecho que es difícil de describir. Para sus padres, imaginar el momento de cumplir con la agridulce tarea de entregar a la niña de sus ojos al hombre que ama, llega a producir emociones muchas veces más potentes y difíciles de tratar.

Niña de papá Vs. media naranja

Siempre será agradecida una palabra de aliento de un padre, o alguno de esos mimos especiales que saben lograr con la gracia del maestro: llevarla donde necesita sin que se lo pida, aparecer de la nada algún alimento secreto cuyo antojo desconocía en sí misma o, en general, hacerse útil en el cumplimiento de cosas importantes para ella que otros no perecen percatar. Pero a la hora de juzgar el gusto en hombres de su hija un padre debe andar con pie de plomo.

Está prohibido tácitamente que no apruebe a quien será su esposo, y esta prohibición no carece de sentido. Que ellos pretendan guiarlas por el camino que creen correcto, no les da el derecho a ensombrecer la dicha que debería brillar en toda boda. El amor que se tienen, el cuidado que ellos les han profesado desde que eran pequeñas, es lo que debería detenerles al momento de sembrar la duda en el amor de sus vidas

Para una mujer suele der difícil lidiar con el antagonismo que puede surgir entre ambas figuras. Es por eso que, en base los buenos deseos que se sobreentienden entre los implicados, hay que buscar la solución diplomática.

Cómo hacerles más fácil el camino al altar

En primer lugar hay que evitar sorprenderlos. Estás noticias hay que darlas poco a poco. Así como seguramente se tomó su tiempo averiguar que este era el indicado, el novio que se convertiría en esposo, de igual forma y al mismo ritmo hay que dosificarle la información a los señores que engendraron a esas futuras esposas. A continuación algunos consejos para llevar a feliz término dicha tarea:

  • Ellos siempre quieren saber, aun cuando no quieren saber

Los padres por cultura no son los confidentes preferidos de sus hijas y la razón recae en que les cuesta no responder con autoridad y protección a esas confesiones. Pero no se equivoquen, su naturaleza los urge a buscar confirmación de que todo marcha sobre los rieles, por eso siempre es bueno mantenerlos informados de cómo van las cosas con sus novios, hasta cierto punto al menos.

  • Menos es más

Para hablarles de cómo van las cosas no hace falta entrar en detalles. Como ya se ha revelado estos temas ocupan la mente de los padres mucho más de lo que las apariencias delatan. Por ello no debería extrañarle a nadie que dichos padres anden en busca de señales constantemente.

Lo que esto implica para la  comunicación entre padre e hija es  tener en cuenta que el mensaje más corto y sencillo suele tener mejor oportunidad de  alcanzar  su destino, mientras el más largo y detallado puede hacerlo pensar de más las cosas. A los papás les cuesta mucho más perdonar a los novios después de que tuvieron una pelea con sus hijas, por pequeña y tonta que sea.

  • No hay que disfrazarse ante el amor incondicional

Esto va en varios sentidos: honestidad cara a su relación amorosa, honestidad con sus deseos de llevarla al siguiente nivel, o no, y honestidad con sus padres. Por supuesto todo depende de cada caso, pero cuando alguien sólo quiere lo mejor para su hija es raro que la honestidad sobre. Para apoyar  alegrarse y aconsejar, la sinceridad siempre hace falta.

Mujer hecha y derecha

A veces es difícil tratar con ese señor sobreprotector que, de una forma u otra, parece subestimar la habilidad de su hija para salir airosa de sus asuntos. No es coser y cantar dejarlas crecer y entregarlas en al altar.

Terribles dudas germinan alrededor de estos escasos pasos y paso de manos simbólico ¿Qué tal si no es el adecuado? ¿Quién podría cuidarla mejor que su familia? ¿Realmente está preparada para lo complicado de un matrimonio? Incluso cuando saben que todo está y estará en orden la angustia no se sacude fácilmente pues es instintiva, brota de la naturaleza de proteger esa vida que vino de ellos y es tan importante.

Pero la vida es un bien particular y decidir con quién ha de compartirse es de las más íntimas y personales de todas las decisiones. Ellos lo saben, aunque admitirlo se difícil. La mejor manera de ayudarlos es mostrarles que se estará bien y la mejor manera de lograr eso probar que se ha crecido evitando  peleas, entendiendo su angustia, poco a poco ir calmándola y teniendo paciencia.

 

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